Juan acaba de entrar a Lumpen. En la
galería principal se extienden dos largas hileras de sillas y mesas, ocupadas
por amigos y colaboradores de Radio Lumpen. La calurosa tarde de Octubre
amerita reemplazar los mates por una cerveza y los presentes se entregan a la idea de que
el fin de semana comenzó. Juan saluda cálidamente a todos con un “Buenas Noches”
y se sienta en la última mesa de la fila, más próxima a la pared. Ahí lo
esperan dos hombres que intercambian impresiones sobre una serie de fotografías
que se exhiben en la pared. Juan no alcanza a apoyar la mochila sobre el
espaldar de la silla cuando dos jóvenes aparecen por detrás para consultarle
por cierta correspondencia que llegó ese mismo día. “Juan” grita una chica que
acaba de salir del estudio de radio, quien se detiene en las primeras mesas más
próximas al estudio donde el equipo del próximo programa aguarda salir al aire. Juan
toma un respiro y con la habilidad de una buena jugada de damas, saluda personalmente,
charla y resuelve los pendientes.
Me da cosa acercarme y presentarme.
Sé que es la hora en que habíamos pactado la entrevista pero no quiero que se
pierda del chop de cerveza que lo espera en la mesa. Pero Juan me gana de mano. Me reconoce de inmediato
y me propone sentarnos a metros de los hombres que continúan discutiendo las
fotografías.
El
grabador, que ocupa el centro de la mesa, salvará a Juan de posibles
interrupciones. “Estas son las responsabilidades de un administrador. Yo lo
elegí .Tampoco es que la pase tan mal”, reflexiona Juan mientras lanza una mirada
desaprobatoria a quienes alzan la voz innecesariamente. Agradezco para mis
adentros que Juan entienda qué es lo que estoy haciendo.
Oriundo de Vedia, ciudad del extremo noroeste de la provincia de Buenos Aires y cabecera del Partido de Leandro N. Alem, Juan Merino se instaló en La Plata en 1997 con el propósito de estudiar Comunicación Social. Apasionado del fútbol, veía en el periodismo deportivo el ámbito que mejor respondía a sus intereses. Pero pronto la irrupción de la política en su vida lo alejó de aquel plan.
El acercamiento a los autores
marxistas y la coyuntura social de entonces volcaron
a Juan a la militancia de la mano del movimiento piquetero. “El achicamiento
del Estado, propio de la política neoliberal, hacía que la mayoría fuera
lumpen, no sólo esos pibes que hoy podríamos definir con tal denominación”,
explica Juan.
Junto a otros cuatro compañeros de facultad Juan alquiló una casa, donde no sólo convivían,sino que además sirvió de punto de encuentro para aquellos militantes de izquierda menos ortodoxos. “Éramos un grupo más desacartonado, más vagoneta. Por ejemplo nos gustaba ir a la cancha. Lejos de pensar al fútbol como una herramienta de dominación lo veíamos como un medio de expresión popular, a través del cual se construyen códigos y valores”, explica Juan y agrega “Es a partir de esta estigmatización de los militantes de izquierda por nuestra vinculación con lo calle y la juventud que nos ganamos el apodo de Lumpen, que con el tiempo le dió nombre a la casa”.
El rostro de Juan se ilumina constantemente a medida que rememora distintas anécdotas. “No sólo compartíamos las tardes charlando de fútbol sino que discutíamos mucho sobre política, intercambiamos opiniones sobre lo que leíamos. Nos fuimos formando entre todos. Y más de una vez brindábamos asilo cuando alguno se peleaba con la novia o la familia”, reconoce Juan.
El refugio de aquellos estudiantes evolucionó paulatinamente en un centro cultural, un espacio de participación e inclusión para los pibes excluídos del circuito productivo ó quienes se involucraron con la delincuencia. “Intentamos que el barrio venga acá, que trabaje. Algunos laburan en la cocina, otros como técnicos en la radio. De nada sirve ir al barrio unas horas y luego marcharse dejándolos en las mismas circunstancias. La idea es sacarlos del barrio y así darles una nueva perspectiva. Acá a los chicos que trabajan se les exige que terminen la secundaria.
Al grabador sobre la mesa le ganó una llamada en el celular de Juan. Juan me pide permiso y se retira a la cocina. -“A vos también te colgó parece”- me señala uno de los hombres que ya liquidó la cerveza destinada a Juan. –Así parece - contesto. Me sumo al club de los desplazados y comenzamos a charlar.
Pablo González es uno de los amigos
más entrañables de Juan y colaborador de Radio Lumpen. La vida cruzó a Pablo y
a Juan cuando ambos militaban en sus respectivas facultades. Pablo estudiaba
Administración de Empresas y un amigo en común los presentó. Mejor conocido
como “el gallego” tiene a su cargo el segmento de noticias internacionales y
regionales del programa radial “Somos Tolosa”. Si bien el acento con el que
habla hace honor al apodo que se ganó, quien lo escucha percibe ciertos matices
que dan cuenta de innumerables viajes y el contacto con culturas de lo más diversas.
Es que Pablo tiene la costumbre, cuando una alarma interna se lo indica, de
tomar sus pertenenciencias indispensables y lanzarse nuevamente a descubrir el
mundo. “Mientras que el resto de las personas encuentran la normalidad de su
vida en la quietud, yo la encuentro en el desequilibrio del vaivén”.
“El viajar me ha hecho empatizar y ver las cosas de distinta manera. Uno descubre que todo está relacionado con todo. En las noticias internacionales se puede observar cómo afectan a las naciones las decisiones que se resuelvan en ámbitos internacionales. Muchas veces no tenemos en cuenta de dónde provienen las cosas e intentamos pararlas nacionalmente. Ahí es donde cometemos el error”, reflexiona Pablo y agrega “Cuanto más conozcamos del manejo internacional de ciertos asuntos, podemos responder mejor a los cambios
Pablo considera que ningún país está
exento de esta falencia: “Priorizar lo nacional en detrimento de lo
internacional ha sido una triste constante
en las últimas décadas. Si los países se unen pueden contener las posibles
consecuencias de ciertas medidas. Es difícil no confundirse con la enorme cantidad
de mensajes que circulan, en su mayoría erróneos. Pero muchos de ellas se
instalan y surge la pregunta ¿cómo derribar aquellas mentiras?”. Lumpen intenta
ser esa alternativa a
La convicción y elocuencia con la que se expresa Pablo es admirable. Su serenidad me impide imaginarlo manifestándose enérgicamente en una marcha. Pablo recuerda especialmente las tensiones que provocó el tratamiento y posterior sanción de la Ley de Educación Superior. Los enfrentamientos continuos con la policía fortalecieron los vínculos que existían entre los compañeros de militancia. “En ese entonces para salir a la calle tenías que confiar en tus amigos. Eran momentos difíciles. Nuestra policía tenía los índices más altos de gatillo fácil. Éramos un grupito cada vez más cerrado, pero que confiaba el uno en el otro”.
El poeta Lucas Barale es co-conductor del ciclo “La Bicicleta de Saturno”, que integra la programación de radio Lumpen desde sus inicios. Una vez por semana, junto a Maxi Channel, Barale se entrega al divague absoluto durante dos horas transitando las más diversas temáticas.
Barale fue una de las casi cincuenta personas que colaboró en la primer fase del plan de refaccionamiento del edificio donde actualmente funciona la radio. En su mayoría fueron estudiantes de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP quienes brindaron una mano. Actualmente las obras continúan.
El poeta destaca el espíritu de lucha de Juan. “Es un trabajador incansable. Un peronista de izquierda que posee una usina de ideas siempre activa y muy interesante”, señala Barale y agrega “Si bien es muy concreto a la hora de encarar sus proyectos, a veces vuelva un poco de más. Tal vez esta sea una condición de esa calidad de mentes”.
En ese mismo romanticismo repara el
Gallego: “Juan es un loco aventurero muy fiel y ante todo un soñador. La
mayoría de los que se juntan acá son locos soñadores. Lumpen tiene ese encanto
de nuclear a muchos soñadores, dispuestos a hacer realidad sus sueños”.

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